LA COMUNIDAD DE LAS CONFLUENCIAS

13 al 17 de Abril de 2006

PRÓLOGO

Nota de esta edición en 2020:

Releyendo viejas travesías encontré que ésta, de la primeras publicadas cuando sabía de edición mucho menos que ahora, tenía rotos todos los links a las imágenes. En aquellas épocas tener mucho espacio para alojar imágenes en una página web era poco frecuente y muy costoso por lo que las mismas se linkeaban a los foros ó a sitios especiales como Imageshack, por ejemplo. Para rescatarla, la tuve que reconstruir casi completamente y por eso, los epígrafes no son muy jugosos como suelo hacerlos. La lectura detallada me hizo dar cuenta que muchos de los lugares aquí descriptos, catorce años después, deben ser seguramente irreconocibles pero tal vez ese sea el valor de esta crónica, que por otra parte fue de las primeras con espíritu aventurero que me tocó organizar basado en la observación de fotos satelitales y mapas del viejo IGM.

                El artículo que salió en el diario La Nación, “Cazando Quimeras” (Puede que haya que registrase para leerlo, pero es gratis) me animó a planear una expedición de ese tipo de mayor envergadura, haciendo participar a algunos amigos en una cacería a realizar en Semana Santa de 2006.

                Así es como a través del foro Puratracción (hoy desaparecido), arrojé una botellita en el mar para ver quien la recogía. Después de tirar la idea, más de ciento cincuenta post, dos mil lecturas y no sé cuantas llamadas telefónicas, sumadas a las horas que cada uno le destinó a organizar la expedición, el llamado dio resultados sorprendentes: Siete chatas desde distintos lugares del país, saldríamos a buscar confluencias cordilleranas en el norte neuquino, combinando la cacería virtual con travesía 4x4. Todo un éxito.

                Los objetivos, en principio, serían las confluencias 37°S 71°W, cercana a Las Ovejas y la 38°S 71°W, cercana a Caviahue. Para complicar un poco y darle rienda suelta al off-road, el enlace entre ambas lo haríamos a través de los pasos de Buta Mallín y de Lenga Malal, intentando unirlos por el cauce del arroyo Piuquenes muy próximo al límite con Chile, llegando al puesto de Gendarmería de Moncol, sobre la ruta del Paso Pichachén.

                Después de las habituales idas y venidas, los anotados para la “Comunidad de las Confluencias” fuimos:

  • Osvaldo Fá y su hijo Fernando en Vitara

  • Marcelo Banco y Miguel en Toyota

  • Los hermanos Diaz, en Suzuki Samurai

  • Gustavo e Ignacio en el Samurai Mirafiori

  • Toni y su cuñado, en la Toyota rabona

  • Daniel Gorza e Indio en Defender 90

  • Pampa y familia (Mi hermano Fabio y mi hijo Pablito) en Vitara

JUEVES SANTO: BAUTISMO DE CONFLUENCIEROS

Cazando Quimeras – Organizar una expedición por Internet y no morir en el intento – La Comunidad de las Confluencias se empieza a formar en Neuquén – La baja menos pensada – Bautismo de Confluencias para siete – Asado en Chos Malal

                El jueves a la madrugada todos nos pusimos en movimiento para acometer al primer día de aventuras, enmarcado por la conquista de la primer confluencia por el grupo de la Comunidad de las Confluencias

                Desde distintos puntos y horarios, varios confluimos en la ciudad de Neuquén a las 13:30 del Jueves Santo, con la mala noticia que Toni había tenido problemas mecánicos en Villa Regina y entonces debió abandonar la expedición. No sólo era mala noticia por Toni, sino que nos quedábamos sin la chata más poderosa y equipada antes de empezar.

                Agrupados todos, menos Marcelo Banco y los hermanos Díaz que habían salido la noche anterior y nos esperaban en algún lugar de la cordillera, repostamos combustible y comestibles en Neuquén y marchamos todos juntos hacia Chos Malal por Zapala y Las Lajas, por rutas pavimentadas.

                Si bien no había sido mencionada durante los preparativos, yo tenía guardada una confluencia “a la pasada” entre Las Lajas y Chos Malal para que todos pudieran hacer su respectivo bautismo de “Cazador de Confluencias”. Se trataba de la 38°S 70°W, que aparecía inofensiva y nunca visitada, a unos 8 km al este de la actual ruta 40, muy cerca de la vieja traza abandonada de la misma, a la altura de Chorriaca.

                A través de GPS y Notebook, encontramos el desvío y nos fuimos aproximando por un curioso paisaje poblado de canales en “V” que bajan de la Cordillera del Salado, que ya había visto en las satelitales. Pasamos por el costado del Cerro de la Mula y allí encontramos una picada sísmica en mal estado que nos llevaba directo al objetivo.

                La encaramos y después de unas interesantes subidas carcomidas por el agua que requirieron manejar con cuidado, llegamos a una colina a 500 metros de la confluencia donde se acabaron las huellas.

                Estábamos tan cerca que hubiera sido pecado capital no ir con las chatas hasta el punto exacto: así, hicieron punta el Defender 90 de Daniel y el Samurai de Gustavo y, arrasando la cerrada vegetación, rápidamente bajaron la colina y se pusieron dentro de la zona de visita exitosa. Atrás fuimos Osvaldo y yo, colocando de este modo CUATRO CHATAS sobre la confluencia misma, LA 38°S 70°W. Había sobre el planeta Tierra, SIETE NUEVOS "CAZADORES" DE CONFLUENCIAS.

                Primer “disparo” con éxito total que, por lo que vi entusiasmó a todos para lo que se vendría en los días siguientes. Fotos y más fotos cuando la tarde caía y el frío empezaba a hacerse sentir.

                Desandamos con cuidado nuestros pasos hasta la vieja traza de la ruta 40 y decidimos que no tenía sentido retroceder más, ya que la misma debía volver más al norte a la traza pavimentada actual lo que parecía ser cierto según un viejo mapa del IGM que consultamos.

                Y nos largamos para el norte. La tarde se comenzó a convertir en noche y la traza clara de la vieja ruta se internó en un cañadón de un río seco confundiéndose hasta desaparecer. Ahí empezó lo entretenido ya que el cauce nos alejaba cada vez más al este del asfalto sin saber muy bien hacia donde, ya que no teníamos referencia visual alguna.

                Fue fundamental el trabajo combinado de GPS y Notebook, para ir comparando las sendas del mapa del IGM, las fotos satelitales y el mapa de Neuquén del ACA, con nuestra posición y rumbo.

                Con mucha paciencia fuimos avanzando “a ciegas” por medio de las instrucciones que mi hermano Fabio propalaba a través de la radio VHF, extraídas del análisis de la navegación, muchas de las veces por cañadones laterales que intuitivamente no eran el camino a seguir.

                Al cabo de un buen rato, un inesperado giro abrupto hacia el sur nos puso a la vista las veloces luces de los coches que transitaban por el asfalto de la ruta 40 y finalmente nos pusimos sobre ella para enfilarle a Chos Malal. A esa altura Osvaldo había hecho un esporádico contacto radial con Marcelo Banco, que nos esperaba con un asado en el camping de Chos Malal, donde llegamos a eso de las 10 de la noche.

                Todo venía saliendo bien aunque hubiera sido mejor que el campamento lo hubiéramos hecho más arriba en la montaña, para tener más tiempo diurno de travesía el viernes. Algunos armamos carpa y dormimos directamente en ellas y otros se fueron a dormir a un hotel, lo que daría origen al único punto de discusión de los días venideros.

                La mañana siguiente saldríamos temprano hacia Las Ovejas para internarnos en el valle del río Buraleo con el objetivo de la aislada y difícil 37°S 71°W en el fondo de la cordillera de los Andes.


El desvío de la RN40 nos acercó rápidamente al objetivo


Curiosas formaciones en "V" nos llamaron la atención


Cuando dejamos el desvío, nos metimos por una abandonada picada sísmica


La picada en las partes con pendiente se había deteriorada con el escurrimiento de las lluvias


Para aquellas épocas, 2006, esto era ciencia ficción: navegar sobre una satelital o sobre un mapa IGM !


Arrimando a la confluencia (de quien sería esa panza roja?)

 
Buscando los ceros en el GPS


Ceros encontrados en ese lugar remoto


Chatas estacionadas sobre la confluencia

 VIERNES SANTO: UNA DIFICIL ESCALADA A UNA CONFLUENCIA

Nuevos amigos en Las Ovejas – Vadeando el Nahueve – Repuestos de Unimog al paso – El valle del Buraleo – El logro de una confluencia difícil – Regreso nocturno a Las Ovejas – Algunos desencuentros en el grupo – Campamento en Los Carrizos

                El día siguiente, fiel al "leit motiv" de la expedición, estuvo enfocado a la conquista de la cordillerana confluencia 37°S 71°W, toda una aventura en sí misma.

                Después de la exitosa captura del día anterior, la 38°S 70°W , la Comunidad de las Confluencias salió a las 8:30 de la mañana rumbo a la cordillera. No obstante, yo salí un poco antes para conseguir las llaves de la tranquera que nos abriría el paso al valle del río Buraleo, para lo cual había combinado encontrarme con gente de CORFONE (Corporación Forestal del Neuquén) en Las Ovejas.

                Nos volveríamos a concentrar todos sobre la confluencia de los ríos Buraleo y Nahueve, en el camino a las Lagunas de Epulafquen, con los tanques llenos y con víveres suficientes para dos días, por las dudas.

                A través de Paco, hermano de mi gran amigo Sebastián Calvi, había conseguido el acceso por un campo de CORFONE a la zona del Buraleo. Él no estaba, pero Omar Encinas y su esposa Mariela, no sólo nos concedieron el paso sino que nos acompañaron para ver como vadeábamos el Nahueve al norte del Buraleo y además nos tiraron el dato que podíamos intentar una vuelta completa regresando por Bellavista, varios kilómetros al sur.

                Siendo casi las 12:00 am, vadeamos sin dificultades el río Nahueve e ingresamos en la plantaciones de pinos de CORFONE, donde multitud de picadas y cortafuegos se abrían como abanicos, lo que nos llevó a varios intentos infructuosos de avance hacia el oeste, ya que no teníamos información cartográfica tan detallada de esta área, puesto que las forestaciones son bastante nuevas. No obstante, después de varios rodeos, encontramos la salida al oeste que nos llevaría al fondo del valle del Buraleo donde acometeríamos a la ignota confluencia 37°S 71°W, seguramente trepando a pie los últimos dos kilómetros, con algo de práctica de andinismo.


Camino desde Chos Malal a Las Ovgejas, ahora todo asfaltado, pero no era así en 2006


A la izquierda el Buiraleo, a la derecha, el Nahueve. Objetivo: donde nace el Buraleo


Vado del Nahueve, para entrar a predios de CORFONE



Vadeo del Nahueve, con cuidado

 
Dejando atrás la plantación de CORFONE junto al río, rumbo a la cordillera



Pequeños obstáculos en la huella al Buraleo

                Sorteamos varios arroyos afluentes del Buraleo por una entretenida huella serpenteante y llegamos al borde del valle glaciario que lo aloja, unos 400 metros por encima del cauce.

                Allí unos cerrados caracoles que recordaban a una miniatura de los del cordobés Cerro Áspero , nos iban a depositar en el fondo del valle. Los codos eran los suficientemente cerrados para tener que bajar haciendo al menos dos maniobras aún con las pequeñas Vitaras.

                Un Unimog de Gendarmería nuevito despeñado unos cuantos metros más abajo nos ponía en alerta que debíamos tener cuidado al bajar. Si alguien necesita repuestos están a disposición, ya que no creo que alguna vez intenten recuperarlo entero. Eso sí, que se apure, ya que para la semana próxima hay anunciadas nevadas y hasta el año próximo no creo que se pueda entrar hasta después del deshielo.


Al borde un profundo acantilado, volvimos a encontrar el cauce el Buraleo


Paisaje hermoso pero ¿había bajada?


De allá venámos (este) y hacia allá queríamos ir (oeste)


Hermoso valle del río Buraleo, hacia su confluencia con el Nahueve


A lo lejos se veía una huella, así que bajada había. Unos hermosos caracoles invitaban a desenrollarlos


Bien tallados en la ladera, tenía curvas muy cerradas


En una de las curvas, un objeto verde nos llamó la atención cuesta abajo


Mirando bien parecía un Unimog del Ejército...


Efectivamente lo era y parecía bastante reciente


Después de lo que habíamos visto, redoblamos los cuidados en la bajada


Desde arriba no eran tan claros, pero una vez abajo los caracoles mostraban la pendiente y las cerradas curvas que se llevaron al Unimog


Todos abajo, respiramos tranquilos

                Una vez abajo, encaramos para el oeste por una huella que a veces se desdibujaba, atravesando cauces secos afluentes del Buraleo, uno tras otro. El meridiano 71 se acercaba vertiginosamente cumpliéndose a la perfección las predicciones cartográficas de oficina. Al llegar al mismo, hacia el norte se abrió a nuestros ojos, la quebrada del arroyo de Las Nalcas que habíamos saboreado en el Google Earth.

                Nos adentramos un poco con las chatas pero enseguida grandes piedras nos cerraron el paso. Un puestero miraba incrédulo como seis chatas caminaban por las piedras hacia ninguna parte, más ágilmente que sus chivos.

                Estábamos a 1800 metros planos de la confluencia pero además había que sortear casi 400 metros de desnivel hacia arriba, ya que nosotros estábamos a 1485 msnm y la confluencia a 1900 msnm. Hasta acá llegaba el trabajo de aproximación en equipo con las chatas y ahora había que caminar y trepar.

                La Comunidad de las Confluencias ahora dejaba solo a Frodo, es decir a mi, por lo que, tenía que arreglarme por mi mismo para ir a llevar el anillo, perdón el GPS, hasta la confluencia. Ciertas discrepancias en algunas decisiones del grupo hacían más real el paralelo con el argumento del libro de Tolkien.

                Con mi hermano Fabio y mi hijo Pablito nos pertrechamos de equipo, comida y agua y nos fuimos hacia el objetivo, mientras el resto almorzaba y luego iría a hacer un reconocimiento hacia el oeste para ver si algún paso cordillerano era accesible para chatas mientras nos esperaban. Estaríamos en contacto radial por cualquier cosa.

                La trepada fue laboriosamente dura, ya que para no tener que subir con pendiente muy pronunciada decidimos ir subiendo suavemente por la ladera donde debía estar la confluencia en lugar de acercarnos por el cauce del Arroyo de Las Nalcas. El problema es que la ladera estaba atravesada por multitud de acarreos que hacían peligroso cada cruce donde si bien la pendiente no era muy fuerte, el arroyo de Las Nalcas se veía muy lejos allá abajo.

                A las dos horas estábamos a 1700 msnm y a 400 metros de la confluencia. Ahí decidimos desdoblarnos y que yo sólo intentara llegar para tener margen de luz diurna para regresar, ya que lo faltaba no se veía nada fácil.

                Comencé a ascender el último tramo, con pendientes mucho más pronunciadas, las que sorteaba con el entusiasmo de llegar; me tomó una hora y media alcanzar la zona de visita exitosa; evidentemente no es lo mismo sobre superficie plana que en áreas inclinadas. Parecía que el círculo mágico de los 100 metros no llegaba nunca. Las chivas me miraban desde el filo de la montaña no muy lejano y algún cóndor habrá pensado en un menú novedoso, mientras como podía, sacaba fotos al GPS y a los alrededores.

                Había logrado una nueva confluencia, al menos para mí la más difícil de las que he visitado y eso que no había considerado aún el descenso.

                Paradójicamente, el descenso me hizo subir la adrenalina, ya que la gravedad, tan difícil de vencer hacia arriba es invencible hacia abajo cuando el suelo es de acarreo. Tenía que medir cada paso para no resbalar y generar un aluvión de piedras hacia abajo que no tenía idea en que podía terminar o mejor dicho, sí lo sabía.

                Mi hermano, que tiene alguna experiencia de montaña, desde abajo a los gritos, me iba guiando con una perspectiva mejor y dejó a Pablito a resguardo de un alero, para venirme a ayudar a bajar, lo que finalmente logramos sin consecuencias.

                A partir de allí, el descenso de los tres fue muy lento ya que las complicaciones del cruce de los acarreos en bajada sumado al cansancio natural de la caminata, atentaban contra nuestra velocidad, mientras la tarde languidecía.

                Después de 6 horas de marcha, estábamos otra vez en el cauce del Buraleo, con la enorme satisfacción de ser los dueños de un trofeo difícil, que seguramente demandará mucho tiempo hasta que alguien intente y logre la visita #2. La Comunidad de las Confluencias había salvado al mundo esta vez.

                El viaje continuó regresando de noche hasta Las Ovejas por el camino de ida, con un delicioso campamento a las orillas del río Nahueve, en el paraje Los Carrizos.

                Al día siguiente, nos abocaríamos al intento de la apertura del paso transversal Buta Mallín - Moncol.


Detenidos en el paralelo 71


Un puestero que nos asesoró


El ascenso lo iniciamos por la ladera este del valle del arroyo Las Nalcas


El ascenso era duro y vertiginoso: el arroyo Las Nalcas se empezaba a ver como un hilito de agua



Empinado y cruzando acarreos, la caminata no era nada sencilla


La confluencia, a la que no pude llegar exactamente estaba sobre la roca de la izquierda. El Buraleo, 400 metros más abajo


Llegué a 39 metros y no me animé a seguir. Atardecía y era muy riesgoso

 
Cansado, en las cercanías de la confluencia


La tarde caía y mi hermano dejó a Pablito en lugar seguro para guiarme desde abajo


El valle de las arroyo Las Nalcas y el valle del Buraleo ahora que bajaba los podía apreciar


En rojo, el recorrido hasta la confluencia


Los que se bancaron la espera de mas de seis horas...


Igual aprovecharon el tiempo para jugar en el fondo del Buraleo


Cuando llegamos era bastante tarde y salimos raudamente a ver dónde pernoctábamos


Lllegamos a la nochecita al Paraje Los Carrizos y allí acampamos


Campamento en Los carrizos, a orillas del Nahueve

 

SÁBADO DE GLORIA: LA FRUSTADA APERTURA DEL PASO BUTA MALLIN AL PASO PICHACHÉN

Reagrupamiento en Andacollo – Siguiendo el Oleoducto Trasandino – El paso de Buta Mallin y el Hito X-19 – Campo Los Piuquenes – Vadeando el Piuquenes una y otra vez – Casi en Lenga Malal – La decisión de abortar el avance – Volviendo a Chos Malal – Cena de Pascuas y despedida.

                Los del campamento desayunamos y desarmamos lo más rápido posible para poder confluir en Andacollo de acuerdo a lo previsto. Lo propio hicieron los “hoteleros” y a las 9:00 estábamos listos para la parte final de la aventura.

                A esa altura yo había resignado la 38°S 71°W ya que implicaba mucho recorrido de enlace y la verdad que todos queríamos más off road. Abrir el paso transversal entre Buta Mallín y Mongol era un excelente desafío, de esas cosas que uno sabe que puede ser el primero en algo.

                Cruzamos de nuevo el puente del río Neuquén rumbo a Los Miches. Hasta allí la ruta es apta para todo vehículo y muy pintoresca, sobre todo cuando se arriba a esa localidad, que sobre todo a esta altura del año, está engalanada por los álamos dorados.


En el inicio de un espléndido día, dejamos atrás Los Carrizos y su pasarela


Camino a Andacollo desde Los Carrizos

 
Llegando a Andacollo desde el norte


Cruzando el río Neuquén rumbo a Los Miches


Camino a Los Miches


Llegando a Los Miches


Entrada a Los Miches, engalanada por los típicos álamos amarillentos en esta época del año

                       A partir de allí la huella empieza a empeorar aunque lejos de ser un recorrido off road, al menos en esta época del año. Sólo el vadeo del río Lileo y algunos atajos que hicimos por la pista del oleoducto trasandino le aportaron algo vértigo al recorrido, que paisajísticamente es espectacular, como todo el norte neuquino. No hay que engañarse, durante el invierno y buena parte del deshielo debe ser intransitable, de hecho esta temporada recién se abrió el paso a fines de diciembre. 

                Después del vadeo del Lileo, tuvimos la mala ocurrencia de ponernos a jugar en un cañadón, que derivó en la rotura de un palier del Defender de Daniel; felizmente solo nos demoramos un poco para desarmar y anularlo y por otra parte esta chata siguió en triple tracción (tiene bloqueos adelante y atrás) como si nada ...

                Llegamos a los caracoles que conducen al Paso de Buta Mallín sin encontrar resquicio para bajar hacia el sur, así que los subimos. Allí a mas de 1900 metros de altura, el campo “Los Piuquenes” de CORFONE nos mostraba la huella que buscábamos. 

                Antes de encarar hacia el sur, fuimos hasta el puesto de Gendarmería donde hay una ermita de la Virgen del Carmen y hasta el hito fronterizo X-19, para sacar las fotos de rigor. Desde el vecino país, el imponente volcán Antuco no vigilaba mientras nos distraía con su hermosura.


Después de Los Miches, ya no hay ruta sino una más o menos tranquilla huella


Solamente algunos vadeos el río Lileo ofrecen alguna mínima dificultad


Algunos pedreros, propios de cauces secos activos durante deshielo, y la traza del oleoducto trasandino permiten a veces poner la doble



Paisajes que uno no se cansaba de admirar


Y cada vez se ponían mejor


Todos felices con la expedición

 
En el hito fronterizo X-19 del Paso Buta Mallín


Mi hermano Fabio, el Gallego Gustavo y yo el el hito fronterizo. donde existe una humilde capilla de la Virgen del Carmen


Mi hijo Pablito con mi hermano y conmigo en el hito fronterizo X-19


Será un monumento a las cañerías del oleoducto trasandino?


A lo lejos el volcán Antuco, visible desde el límite argentino-chileno de Buta Mallín

                Desde el Paso de Buta Mallín hasta el puesto de Gendarmería de Mongol hay unos 30 kilómetros, casi todos “off road”, siguiendo el cauce del arroyo Piuquenes.

                Ya dentro el predio de CORFONE, nos llamó la atención la enorme cantidad de pinos plantados uno por uno en esas soledades: es casi de no creer. Avanzando lentamente por una huella serpenteante cuidando de no dañar ninguno, cruzamos toda la plantación mientras descendíamos al cauce del Piuquenes para largarnos hacia el sur por el valle donde corre el mismo. Al salir de la plantación, la huella del IGM que habíamos visto en el escritorio era apenas visible y sólo en algunos tramos: había empezado la travesía off road en serio.

                Primero cruzamos varios acarreos de los pequeños arroyos que dan origen al Piuquenes, que a medida que avanzábamos tenían cada vez más agua y piedras de mayor tamaño.

                El Piuquenes fue tomando forma y la huella ya era casi inexistente, cuando un primer vado nos complicó el avance. Una fuerte pendiente en bajada, piedras grandes y 30 o 40 cm de agua nos requirieron un poco de trabajo para acondicionar el paso. A esa altura el entusiasmo por abrir el paso era enorme y sino díganme a mí, que casi en bolas me metí en el agua a correr piedras. Pasamos todos pensando como lo repecharíamos si teníamos que volver. 

                Seguimos un par de kilómetros más acercándonos a la confluencia del Piuquenes con el Lenga Malal. Ya habíamos avanzado casi a la mitad del recorrido cuando otro vado complicado, ahora sólo por grandes piedras, detuvo nuestro avance nuevamente.

                Otra vez a laburar. Dejamos pasar primero las más equipadas para que se adelanten a ver cómo venía la mano aguas abajo, mientras Osvaldo y yo luchábamos con las pequeñas Vitaras, que finalmente pasaron.



Campo Los Piuquenes perteneciente a CORFONE. Quien sabe cómo estará ahora, 14 años después...


 
Primer vadeo del Piuquenes, uno de varios


El entusiasmo por avanzar nos hacía hacer cualquier cosa...


Un vadeo tras otro nos llevaba hacia el sur bajando junto con el arroyo mismo

                Las noticias que venían por radio del grupo de avanzada no eran alentadoras, más que nada por el tiempo, ya que dificultades era lo que esperábamos: “Parece que más adelante el valle se encajona y no podremos pasar”. Ya eran casi las seis de la tarde y había que decidir si seguíamos con el riesgo de hacer noche en la montaña y no estar listos para el regreso el domingo temprano como todos teníamos planeado o volvíamos sobre nuestros pasos hacia Andacollo, dejando la espina clavada para otra vez.  
 

                Con todo el dolor del alma, elegimos la segunda opción con el compromiso de volver el año próximo y abrir de una buena vez este paso.

                El regreso fue lento ya que se iba haciendo de noche, a puro “trackback”. El primer vado nos entretuvo bastante porque la gravedad, en subida, es difícil de vencer cuando no podes tomar velocidad y el suelo se moja.

                La solución al problema fue pintoresca, aunque por sus características creo que no hay registros fotográficos: el Samu de Gustavo trepó hasta donde pudo y después TODOS los demás con una eslinga lo levantamos.... A PULSO !!!. Egipcios en el medio de la cordillera neuquina, no se podía creer...

                Después fue fácil, nos anclamos al Samu y casi todos subimos a malacate, salvo el maestro de Marcelo Banco, que hizo subir la Toyota sin ayuda externa. Había que sacarse el sombrero ante tal maniobra. También subió sólo el Samu de los hermanos Díaz.

                Por si alguien se le ocurre, no subimos el primero a malacate porque no había donde anclarse o daba mucho trabajo fabricar uno.

                El regreso se convirtió en una entretenida travesía nocturna con todos los ingredientes y así, ahora velozmente, nos volvimos a Andacollo primero y a Chos Malal después, con la alegría de haber intentado algo único pero con la bronca de no haber podido completar el recorrido preestablecido. Era un Regreso con Gloria, pero no tanta.

                En Chos Malal nos alojamos algunos en hotel y otros en carpa, para descansar bien para el largo camino a casa del domingo de Pascuas.

                Nos reunimos a cenar en un boliche de Chos Malal, festejando tres fantásticos días cordilleranos por lugares muy poco frecuentados y el inicio de un par de actividades que nos dan excusas perfectas para desarrollar nuestra pasión por el 4x4: la cacería de confluencias y la apertura de pasos cordilleranos transversales. 

                Creo que entre los participantes está latente la necesidad de intentar ahora por el sur llegar hasta donde llegamos ahora y cerrar el círculo. Moncol 2007 ya está en la mira de todos nosotros.


Lo que había sido difícil a la ida, era exactamente igual a la vuelta


Esta subida nos hizo transpirar a todos; el rimero, el Samu del Gallego hubo que subirlo a pulso..

 
Pampa 01 subiendo a malacate

 
El recorrido del día


Cena de despedida en Chos malal

 

REGRESO EN DOMINGO DE PASCUAS

Neuquén petrolero - Rincón de los Sauces - Colonia 25 de Mayo - General Acha - Macachín - Guaminí - Bolivar - Saladillo - Florencio Varela

                Pampa y familia emprendimos solos el regreso a Buenos Aires y para no desentonar con los tres anteriores días, le agregamos un pizca de aventura: Desde Chos Malal hasta Colonia 25 de Mayo nos mandamos por el Neuquén Petrolero, recorriendo la ruta provincial 6, con la excusa de ahorrarnos algunos kilómetros.

                Salvo que llueva mucho la ruta es recomendable (tal vez si llueve en grupo es sensacional, por la cantidad de vadeos que debe tener) pero se requiere andar con el GPS encendido y con los tracks o mapas que la reproduzcan, ya que en la zona de Crucero Catriel todas las bifurcaciones son indistinguibles entre sí.

                Una vez en el asfalto, sólo tuvimos que completar el trámite para llegar a las dos de la mañana del lunes a nuestra casa, después de 3370 km bien aprovechados.


Recorriendo el Neuquén petrolero


Postal final y logo de la travesía

Hasta la próxima.

 

Pampa

Abril 2006

LO DEL PAMPA